Entrada destacada

Del libro: "Las aventuras de Juancito"


Capítulo 3

Un vecino me dijo que los niños marcianos no debían comer ni dulces ni chocolates. Eso fue, al principio cuando se corrió la voz de que me había llegado un nieto de lejos a pasar una temporada conmigo. No sé cómo se supo, pero el caso es que muy pronto comenzaron a llegar a casa los vecinos para conocer a mi nieto llegado de Marte.
Todos comenzaron a desfilar por mi puerta con regalos y muchos consejos, además de con muchas preguntas. Los seres humanos casi siempre queremos saberlo todo y eso jamás podremos evitarlo.
En fin, que mi vecino se enteró de que entre los regalos había muchos dulces y chocolates y vino a advertirme de que aquello no podía ser bueno para Juancito.
Pero, su aviso llegó demasiado tarde. Juancito, ya había descubierto dónde yo había guardado los dulces y los chocolates. Se los comió todos de un tirón.
Su escafandra, entonces, comenzó a apretarle mucho. No podía respirar bien y su pancita se infló. A la una de la madrugada tuve que llamar a un sastre, de esos que ya no abundan en ninguna parte, pero, que por suerte en mi vecindario sí había.
El sastre llegó con unas tijeras grandes, un hilo especial y un material que le sirvió para ampliar la escafandra de Juancito.
Después de varios cortes y de coser todo lo más firme que pudo le dijo:
—Este remiendo durará hasta que los dulces y chocolates te hagan digestión. Como el material es especial, cuando todo pase, no tendrás que volverme a llamar. Tu escafandra retomará su tamaño original y tú, volverás a ser el de antes. Solo recuerda que tanto azúcar no es bueno, ni siquiera para ti, amigo.

Comentarios