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Mostrando las entradas de diciembre, 2016

A veces la vida

A veces la vida se te da como al bardo sin licencias para cantar al amor. A veces la vida es la tristeza sobre ruedas jugando a ser farandulera sin aplausos ni risas ni llanto tras bambalina apenas la amargura del adiós. A veces la vida es un lamento sordo que recorre caminos sin tropiezos raudo. A veces cuando sobre la prisa la vida alza los ojos recuerdo que no estás y se marchita sobre la tierra el alma compungida la fuerza y esta vida que un día en tus besos encontró el amor. A veces la vida es apenas un despertar sin ti que duele un despertar sin ti que mata un grito de ruego en la nostalgia un grito de jamás en el dolor.

Hombrecillo de amarillo

(minicuento) Por Lázara Ávila Fernández El hombrecillo de amarillo permanecía imperturbable a pesar de que la mayoría de las miradas recaían sobre él. Quienes no lo miraban estaban absortos en el árbol de navidad en el que segundos antes había eclosionado. Se sacudió un poco la ropa y echó a andar como si no sucediera nada. Delgado como un palillo de dientes y vestido con unos pantalones de cuero muy ajustados a su cuerpo parecía un espécimen humano, pero, no. El hombrecillo de amarillo era un extraterrestre. Había estado alojado desde hacía meses junto a otros congéneres en el reloj que cuelga del Aeropuerto Internacional de Savannah-Hilton Head. Allí lo vino a tener su madre una de las aliens más despreocupadas que jamás se háyase visto en estos contornos. Fruto de una confusión alienígena, tras el nacimiento fue forzado a pasar una temporada en una figura lo más parecida a un huevo de flamenco, animal terrícola de patas rosadas que, por estos días, ha estado haciend

Vengo de donde el lomerío

Vengo de donde el lomerío es el confín y el aroma de café te despierta en las mañanas. De donde una ceiba te arrulla y el sinzonte te acaricia de un pueblito con su río su puente y una presa a la que se le escapa el agua. Vengo  de una tierra más bella que ninguna otra tierra de platanales y caña brava. Del guajiro y el asere vengo del hermano y la hermana. De donde las mariposas lucen sus alas más blancas. Vengo de Candelaria ese terruño querido que siempre me acompaña. Vengo de Candelaria pan, hambre, dolor y cielo mi Candelaria del alma. Por Lázara Ávila Fernández 

¿Dónde estás?

¿Dónde estás? Bórrame el camino la dicha, la duda llévame lejos. ¿Dónde estás? Sobre un escarabajo la sombra sobre un escarabajo el grito. ¿ Dónde estás? Acaricio la espera, la angustia y sin palabras rotas la nada se burla. Hay fantasmas gobernando mi acera. Hay brujas sobre entuertos de tardes riendo. ¿ Dónde estás? Será que no me alcanza la vida para olvidarte será que no me alcanza el aliento ni el aire ni la risa ni tampoco el olvido. ¿ Dónde estás? Será que es todo gris y todo es ebrio. Dónde estás que anduve de noche el camino y la luna no salió. ¿ Dónde estás que he preguntado a todos y ni siquiera el silencio responde? Por Lázara Ávila Fernández 

Síndrome de abducción

Por Lázara Ávila Fernández  La puerta se abrió y un insoportable olor a heces de gato golpeó su nariz. Hacia el costado derecho había un sofá, en la otra dirección una tele ruidosa les da la bienvenida. El hombre no hizo comentario alguno y ella solo sintió un sobresalto que le hizo llevarse las manos al estómago. Afuera un viejo fuma mariguana. Acomodaron de a poco el maltrecho equipaje. Habían viajado durante casi veinticuatro horas consecutivas en aquel tren de segunda. Después de un baño y de dormir unas horas conocieron a René el otro inquilino, un hombre de unos veintiséis años de edad que habla sin parar. Se siente frustrado y se ha auto diagnosticado depresión: –Mire, Lidia yo he trabajado toda mi vida, desde que tengo uso de razón. Y cuando yo trabajaba yo le daba dinero y dinero a mi papá. Ahora que yo estoy desplumao' él solo tiene para mi hermano que es un vago para nada y para la mujer esa que ya viene. Sí, él dice que ya viene. La está esperando... y yo