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Mostrando las entradas de enero, 2017

"Llorar no cuesta" Fragmento

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Por Lázara Ávila Fernández Fragmento: Son las cuatro de la madrugada y Reutelio María despierta sobresaltado. Teresa no está en la cama, la busca en medio de la penumbra. No logra verla. Sin nada que lo cubra sale del cuarto, atraviesa la sala y la cocina hasta que llega a la terraza. Sentada en un balancín la Clinger fuma un habano. Un bombillo le alumbra la cara. –¡Tú no duermes, mujer! ¿Qué estás haciendo? –Pensando, que una también tiene derecho a repasar la vida. –¿Repasar qué, Clinger? –De Olodumare viene to, Reutelio, y a él regresa. No hay otra verdad y a ti te da lo mismo... tú no quieres entender na. ¡Allá tú! –No me vengas de nuevo con eso, Teresa, que en este país no se puede joder tanto. Y, además, yo no quiero más amarres. Te lo he dicho mil veces. –Sí, que con el de la difunta ya fue bastante para ti –le replica ella. –¡Eso! Ya fue demasiado. –Conmigo no te va a faltar na; vas a tener una vejez garantizada y vas a poder dormir tranquilo. Tengo muchos p

"He prometido"

He prometido olvidarte pero no me alcanzó el tiempo hubo despojos en cada piel y el sol anduvo de una escaramuza en otra. Quiso la vida ponerlo así yo jugando a las promesas tú vistiendo de púrpura. Andan locos sueltos esta noche se gritan los unos a los otros. ¡Son tantos los improperios! y a mí el tiempo se me acaba no encuentro el cómo he perdido la apuesta. Y sobre el río con los pies descalzos mi alma Y sobre el monte verde en un escalofrío el silencio y sobre un halo de brisa tú yo. Del libro  "Cinco poemas de amor" por Lázara Ávila Fernández https://www.amazon.com/dp/B012R7OHR0?tag=relinks-20  

La última noche

La última noche Habrá una despedida Una palabra El amor brindará con inocente gusto Y luego el tiempo habrá de encargarse de borrar Cada detalle. Habrá un abrazo sobre la ciudad insurgente Y luego el tiempo en un arrebato Dejará escapar un alarido de dolor. Habrá mil y un abrazos en la última entrega Una lágrima nos ofrecerá a nosotros: Amantes eternos Amigos, amantes… En vez de un beso un raído equipaje. Habrá una despedida en el último cerco de luz Sobre el reclamo silencioso de los cuerpos y los roces. Habrá un dolor por siempre Carcomiendo la espera Tú te pondrás viejo Yo me pondré vieja Más en la última noche habrá Un orgasmo divino de rezos Tú musitas un te quiero Y me abrazas Yo me quedo muda La última noche.  Del libro: "Alguien"  por Lázara Ávila Fernández

Camino y no encuentro

Camino y no encuentro el sortilegio para el buen amor ese que se esconde de mal de ojos y palabras vacías ese que apenas es niño apenas sin más riqueza que la de un beso en tarde helada. Camino y busco entre las piedras puestas a la orilla de esta vereda al buen amor. Ese al que le cantaron en noches de tormenta y de frío en soledad. Ese que escancio la copa y se quedó con sed con ganas de beber más. Camino sobre la noche el escarpado suelo Camino sobre la ventisca sin más abrigo que esta mi piel Voy regalando besos sin piedad y dejando a orillas del camino la huella de mi llanto. Será que el buen amor dejó de serlo o no existió nunca si acaso apenas en mis versos. Camino y busco el sortilegio no este ni aquel ni aquello Camino y busco sin rostro ni nombre la figura esquiva del buen amor. Un amor sincero de manos juntas de pasos fundidos en libertad. Camino y no encuentro el sortilegio del buen amor.

Será que te olvidé

Será que te olvidé  cuando la calma cuando la brisa o cuando la lluvia  sembró de verde mi guitarra. Será que te olvidé cuando fue primavera y hubo rocío sobre mi nombre. Será acaso que ocurrió el milagro de la despedida y la tristeza en medio de tanta prisa Será que es primavera y ni tú ni yo llegamos a tiempo para dar las gracias. Será que el amor tocó a tu puerta sin más ropa que una sonrisa y yo me quedé llorando sin ti. Será que esta es la vida y tú me buscas y me buscas pero no me encuentras. Será que el amor no era, sino apenas juego de niños de niños juego apenas.

Te escribo

Te escribo desde el fondo para acunar las penas en la estera verde del holograma gris. Hay un sinsonte que no se cansa y juega, juega. Un avestruz se desespera y el viento niño me dice que no estás. Te escribo desde el prado que apunta a la vergüenza de los que libres mueren sin mucho más que un dios vengativo rezando una oración de angustia. Te escribo sobre una montaña helada y hay muy poco oxígeno. Es probable que no me leas nunca ni que esa luna inmensa adonde tus besos fueron sepa de mi tristeza. Es probable que jamás tampoco sonrías porque ya no existo ni como sombra ni abrigo. Es probable que este amor nunca haya existido salvo en el halo loco que envuelve la mentira. Es probable que mi mano te alcance y tu cansado y ciego no la reconozcas más si mis labios te rozan es probable que vuelvas a la vida. Pero, te escribo desde el fondo para acunar los días y la espera para que no llegue a tus oídos nada

El aché lo tiene Teresa, capítulo 2

El verano es muy caliente en Cuba, capítulo 3