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sábado, 18 de febrero de 2017

La calabacita que quería ser princesa

Allá en un país lejano donde hace mucho frío nació por casualidad una calabaza muy verde y de tez redonda.
Quiso el destino que nadie se percatara de su existencia hasta el día en que se le ocurrió que quería convertirse en princesa. Miró a ambos lados y solo vio a una nena pequeña asomada a la puerta que daba al patio donde ella crecía. Entonces, habló alto para llamar la atención de la niña.
—¿Alguien me ayuda? ¡Quiero ser princesa!
La niña la escuchó, pero, por más que trató de saber de dónde llegaba aquella voz chillona, no supo. Entonces, fue a buscar a su hermana menor para que le ayudara a descifrar la incógnita.
Tomadas de la mano, buscaron debajo de unos cerezos, de un manzano y de un árbol que da albaricoques. Justo ahí volvieron a escuchar a la vocinglera.
—¿Alguien me ayuda? ¡Quiero ser princesa!
—Escuchaste, dijo Elizabeth la hermana mayor.
—Sí, y viene de esa pelota redonda y verde, —dijo Allison que es así como se llama la más pequeña.
—Te vamos a ayudar; —a coro le respondieron las niñas. Y salieron todo alborozadas hacia el interior de la casona. Regresaron con muchos trajes de princesas y un sinnúmero de coronas para adornar la frente de la baya de cáscara dura.
Y esta fue tan feliz que le agradeció a cada una con un abrazo. Después como por arte de magia la calabacita vestida con un hermoso traje azul se elevó hacia el cielo y prometió regresar cuando pasara el invierno.
Las niñas le dijeron adiós con sus manitas. Y rieron felices por haber ayudado a la fruta a convertirse en soberana.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado y el tuyo aún no ha empezado.

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