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martes, 31 de enero de 2017

"Llorar no cuesta" Fragmento

Por Lázara Ávila Fernández
Fragmento:
Son las cuatro de la madrugada y Reutelio María despierta sobresaltado. Teresa no está en la cama, la busca en medio de la penumbra. No logra verla. Sin nada que lo cubra sale del cuarto, atraviesa la sala y la cocina hasta que llega a la terraza. Sentada en un balancín la Clinger fuma un habano. Un bombillo le alumbra la cara.
–¡Tú no duermes, mujer! ¿Qué estás haciendo?
–Pensando, que una también tiene derecho a repasar la vida.
–¿Repasar qué, Clinger?
–De Olodumare viene to, Reutelio, y a él regresa. No hay otra verdad y a ti te da lo mismo... tú no quieres entender na. ¡Allá tú!
–No me vengas de nuevo con eso, Teresa, que en este país no se puede joder tanto. Y, además, yo no quiero más amarres. Te lo he dicho mil veces.
–Sí, que con el de la difunta ya fue bastante para ti –le replica ella.
–¡Eso! Ya fue demasiado.
–Conmigo no te va a faltar na; vas a tener una vejez garantizada y vas a poder dormir tranquilo. Tengo muchos planes...
–Yo duermo tranquilo –la interrumpe el hombre.
–No me fastidies, vives con el susto de que la policía te agarre. O no te acuerdas que hasta yo me las vi fea.
–¡Oye, que siempre es lo mismo! Entiéndelo, no va a ver mujer que vuelva a amarrarme. Primero ya estoy muy viejo pa' eso y en segundo lugar si no te conviene así, mejor me lo dices y me voy derecho y no miro más para atrás. ¡No vengo más!
–¿A que no le dices eso a Cacha? Dile, dile eso a esa puta que te está chupando la sangre. A esa sí vas a verla todos los días. Por andar con ella, no se me olvida, que no te apareciste el día en que me hicieron el juicio. Yo te importo muy poco...
–¡Ay Teresa, ese Egún tuyo anda equivoca’o! Te lo dije en la tarde, ese muerto te informó mal pero que muy mal. Me tienes cansa’o, de nuevo con lo mismo y lo mismo.
–Aquí to' se sabe. Pueblo chiquito, infierno grande. Y tú sigues con ella, aunque me digas que no.
–¿Así es como haces tus brujerías, Teresa? De enredo en enredo y de chisme en chisme.
–No te metas con lo mío, no te metas, no mezcles las cosas.
–Sí claro, con lo tuyo no puedo meterme... Si hasta el juez lo gritó a viva voz; tú apenas eres una santa, una santita. ¡Santera de mierda, Teresa! que yo sé cómo es que haces lo tuyo y de dónde vino el dinero.
–Porque yo te dije, mejor y me hubiera queda’o calla...
–Teresa –le dice el hombre suavizando el tono de la voz y pegándosele–, disfruto tus santiguadas. Me encanta que me despojes, pero no quiero amarres ni contigo ni con nadie. Eso ya deberías entenderlo, además, tú sabes que no vine a discutir contigo...

Ella no contesta, él se le queda mirando, dibujando en su mente la figura delgada de Cacha:
–Mejor vamos pa dentro a resolverlo de otra manera –le dice bajito con su cara pegada al rostro sudoroso de ella, y con una erección que no puede disimular.
A Reutelio María le cuesta creerlo, pero, ahí está él listo para empezar de nuevo la pelea de los cuerpos.
–¡Carajo! –piensa–, ¡y con esa puta no puedo! ¿Qué me ha hecho esta negra? –Teresa Clinger lo saca de sus pensamientos.
–Dice un espíritu que te vas a meter en feos problemas. Pero que así sea Reutelio, que así sea.
Y comienza a desabotonarse la ancha bata que la cubre. Ella confía en que todo se basa en dar para recibir, y que todo aquel que rehusó sacrificarse, solo encontró tropiezos en su venida a la Tierra. Esta madrugada atiende a su hombre, pero su pensamiento anda lejos, en los orígenes. Necesita respuestas.
https://youtu.be/eG4wrfJE3_M


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"He prometido"


He prometido olvidarte
pero no me alcanzó el tiempo
hubo despojos en cada piel
y el sol anduvo de una escaramuza en otra.
Quiso la vida ponerlo así
yo jugando a las promesas
tú vistiendo de púrpura.
Andan locos sueltos esta noche
se gritan los unos a los otros.
¡Son tantos los improperios!
y a mí el tiempo se me acaba
no encuentro el cómo
he perdido la apuesta.
Y sobre el río con los pies descalzos
mi alma
Y sobre el monte verde en un escalofrío
el silencio
y sobre un halo de brisa

yo.


Del libro  "Cinco poemas de amor" por Lázara Ávila Fernández
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lunes, 9 de enero de 2017

La última noche

La última noche
Habrá una despedida
Una palabra
El amor brindará con inocente gusto
Y luego el tiempo habrá de encargarse de borrar
Cada detalle.
Habrá un abrazo sobre la ciudad insurgente
Y luego el tiempo en un arrebato
Dejará escapar un alarido de dolor.
Habrá mil y un abrazos en la última entrega
Una lágrima nos ofrecerá a nosotros:
Amantes eternos
Amigos, amantes…
En vez de un beso un raído equipaje.
Habrá una despedida en el último cerco de luz
Sobre el reclamo silencioso de los cuerpos y los roces.
Habrá un dolor por siempre
Carcomiendo la espera
Tú te pondrás viejo
Yo me pondré vieja
Más en la última noche habrá
Un orgasmo divino de rezos
Tú musitas un te quiero
Y me abrazas
Yo me quedo muda
La última noche. 


Del libro: "Alguien"  por Lázara Ávila Fernández

Camino y no encuentro



Camino y no encuentro
el sortilegio para el buen amor
ese que se esconde de mal de ojos
y palabras vacías
ese que apenas es niño apenas
sin más riqueza
que la de un beso
en tarde helada.
Camino y busco
entre las piedras puestas
a la orilla de esta vereda
al buen amor.
Ese al que le cantaron
en noches de tormenta
y de frío
en soledad.
Ese que escancio la copa
y se quedó con sed
con ganas de beber más.
Camino sobre la noche
el escarpado suelo
Camino sobre la ventisca
sin más abrigo
que esta mi piel
Voy regalando besos sin piedad
y dejando a orillas del camino
la huella de mi llanto.
Será que el buen amor
dejó de serlo
o no existió nunca
si acaso apenas
en mis versos.
Camino y busco el sortilegio
no este ni aquel ni aquello
Camino y busco sin rostro ni nombre
la figura esquiva del buen amor.
Un amor sincero
de manos juntas
de pasos fundidos en libertad.
Camino y no encuentro
el sortilegio
del buen amor.

Será que te olvidé




Será que te olvidé
 cuando la calma
cuando la brisa
o cuando la lluvia 
sembró de verde mi guitarra.
Será que te olvidé cuando fue primavera
y hubo rocío sobre mi nombre.
Será acaso que ocurrió el milagro de la despedida
y la tristeza en medio
de tanta prisa
Será que es primavera
y ni tú ni yo llegamos a tiempo
para dar las gracias.
Será que el amor tocó a tu puerta
sin más ropa que una sonrisa
y yo me quedé llorando sin ti.
Será que esta es la vida
y tú me buscas y me buscas
pero no me encuentras.
Será que el amor
no era, sino apenas
juego de niños
de niños juego
apenas.

Te escribo



Te escribo desde el fondo para acunar las penas
en la estera verde
del holograma gris.
Hay un sinsonte que no se cansa y juega,
juega.
Un avestruz se desespera
y el viento niño me dice que no estás.

Te escribo desde el prado que apunta a la vergüenza
de los que libres mueren sin mucho más
que un dios vengativo
rezando una oración
de angustia.

Te escribo sobre una montaña helada
y hay muy poco oxígeno.
Es probable que no me leas nunca
ni que esa luna inmensa
adonde tus besos fueron
sepa de mi tristeza.

Es probable que jamás tampoco
sonrías
porque ya no existo
ni como sombra ni abrigo.
Es probable que este amor nunca haya existido
salvo en el halo loco que envuelve la mentira.

Es probable que mi mano te alcance
y tu cansado y ciego
no la reconozcas
más si mis labios te rozan
es probable que vuelvas a la vida.

Pero, te escribo desde el fondo para acunar los días
y la espera
para que no llegue a tus oídos
nada que tenga que ver conmigo.